En las últimas dos décadas, la Argentina profundizó un cambio estructural en su matriz productiva: la industria y los sectores de bienes transables perdieron terreno dentro del Producto Bruto Interno, mientras ganaron peso relativo los servicios y actividades menos vinculadas al comercio internacional. Un estudio del Ieral de la Fundación Mediterránea, elaborado por el economista Jorge Vasconcelos, advierte que esta tendencia compromete la capacidad exportadora del país y condiciona cualquier intento de recuperación sostenida.
Según el informe, la participación de la industria manufacturera en el PBI cayó 4,5 puntos porcentuales en veinte años: del 18,6% en el promedio 2004-2006 a apenas 14,1% en 2025. Si se amplía la mirada al conjunto de sectores "transables" -aquellos más expuestos al comercio internacional de bienes-, que incluyen industria, agro, minería y pesca, la pérdida es aún mayor: de 29,8% a 23,9% del producto.
Dentro de ese universo, el único segmento que ganó algo de participación fue el agro, que pasó de representar 5,4% a 5,6% del PBI. La minería retrocedió cerca de un punto y medio -aunque se proyecta una recuperación fuerte a partir de nuevos proyectos de cobre y litio- y la pesca se mantuvo en un marginal 0,3%. La construcción, el transporte y la energía, que dependen en gran medida de la demanda de los sectores transables, también se ven afectados por este reordenamiento.
Desindustrialización, términos de intercambio y menor tracción del PBI
El trabajo del Ieral marca que en 2025 los términos de intercambio fueron favorables para la Argentina, pero esa ventaja comenzó a desvanecerse hacia fin de año y los primeros datos de 2026 profundizan el deterioro. Los precios de los metales exhiben una mejora mucho más marcada que el petróleo y los granos; sin embargo, los productos metalíferos todavía tienen un peso reducido en la canasta exportadora local, en torno del 7%.
En este contexto, el PBI enfrenta otro límite: ya no cuenta con el "efecto arrastre" de la recuperación previa. El Índice General de Actividad (IGA) de Orlando Ferreres muestra que, si bien en el acumulado hasta noviembre de 2025 la economía creció 5,4% interanual, el nivel de actividad de ese mismo mes fue apenas 1,6% mayor que en noviembre de 2024. Algo similar se observa en indicadores sectoriales: los despachos de cemento avanzaron 5,5% en el año, pero cayeron 1,2% en diciembre, y la producción automotriz se contrajo tanto en el acumulado (-3,1%) como en el último mes (-30%).
Las cuentas fiscales replican esa desaceleración. La recaudación real del IVA cerró 2025 con una leve mejora en el promedio del año, pero se hundió 6% en diciembre. Los recursos vinculados a la seguridad social mostraron un alza de dos dígitos en el acumulado, aunque también registraron una baja interanual del 1% en el último mes. Todo esto se da en un escenario en el que la industria apenas logra superar el 60% de uso de la capacidad instalada, unos diez puntos por debajo de otras fases de recuperación, con parte del capital productivo ya obsoleto ante la apertura comercial.
Exportaciones, inversión y el debate global: bits contra átomos
Para Vasconcelos, la clave para recomponer salarios reales y empleo pasa por mejorar la rentabilidad de sectores como la manufactura, la agroindustria, la construcción y el comercio, algo directamente condicionado por la política macroeconómica: tasas de interés, tipo de cambio y reglas para la inversión. En un país que lleva casi 15 años de estancamiento, el informe sostiene que no es viable un crecimiento sostenido sin que las exportaciones y la inversión en infraestructura actúen como verdaderas locomotoras del PBI.
En esa línea, el estudio resalta el rol potencial de Vaca Muerta y la minería, donde ya operan gigantes como BHP, Rio Tinto y Glencore con proyectos de cobre y litio de escala global. El desafío es que esos desarrollos no queden aislados, sino que impulsen encadenamientos industriales y una mayor "materialidad" de la economía. La discusión se enlaza con un debate global: mientras el presidente estadounidense Donald Trump pone el foco en recursos físicos, territorio y producción industrial como pilares de la seguridad económica, el presidente argentino Javier Milei se define como "tecno-optimista" y prioriza el avance de los servicios y la digitalización.
Esa tensión entre el mundo digital y el mundo material ya había sido planteada por referentes como Peter Thiel, cofundador de PayPal y cabeza de Palantir, quien cuestiona el excesivo énfasis en los "bits" -la economía de datos y servicios- por sobre los "átomos", es decir, la producción y las infraestructuras físicas. Para la Argentina, advierte el trabajo del Ieral, recobrar peso de los sectores transables en el PBI no es sólo una cuestión de estadística: define la capacidad exportadora del aparato productivo y la posibilidad de salir del estancamiento con más empleo formal y crecimiento sostenible.
Fuente: Diario del Norte